No puedo decir que haya sido ni buena ni mala. Fue.
Mi vieja cocinaba rico, teníamos las necesidades básicas cubiertas e íbamos a colegios privados. El problema era siempre mi viejo y sus terribles arranques de violencia. Yo temblaba porque no llegarán los fines de semana; seguramente habría una golpiza. Mi viejo era un hijo de puta y no me vengan con sus traumas infantiles. Yo también los tengo y solo recuerdo haberle dado un soplamoco a mi hijo. No hay justificación. Hoy, que es un viejo de mierda me encantaría preguntarle: te acordás cuando no podía ir al colegio por las marcas de tus cintazos, hijo de puta?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Be good.